jueves, 30 de octubre de 2008

La crisis de la globalización y la religión

La recesión y la crisis internacional financiera presentan una nueva oportunidad para revisar no solamente los modelos económico sociales de la globalización, sino sus fundamentos y tentativas civilizatorias. Las grandes religiones y sus estructuras han rechazado los soportes ontológicos de las grandes tendencias del neoliberalismo o liberalismo contemporáneo. El cristianismo, el judaísmo, y especialmente el Islam, han sido críticos y algunas de sus corrientes internas han generado formas de resistencia que lindan en posturas fundamentalistas. Por ello, bajo la llamada globalización, la relación entre religión y cultura se convierte en asignatura obligada. Resulta, entonces, indispensable analizar con nuevos enfoques la tensión aparentemente contradictoria entre la pérdida de vigencia de lo religioso, por un lado, y por otro su relevancia en la aldea global desde las nuevas dinámicas de un pujante pluralismo religioso bajo sociedades multiculturales. Mientras la globalización mira con cierto desdén las culturas locales, tiende a homogenizarlas mediante la lógica de los mercados, de los comportamientos y hábitos homogenizantes del consumo; el individuo es exaltado por la capacidad adquisitiva, prestigio y poder simbólico que se adquiere a través de la posición que guarda cara al mercado. Que el poder de compra está por encima de los valores tradicionales de las culturas occidentales es uno de los reproches que ha lanzado con fuerza el papa Benedicto XVI, cuestionando esta cultura que relativiza los principios fundantes del cristianismo para exaltar el hedonismo individualista. La racionalidad científica cede ante la tecnología utilitaria y desechable; los cambios permanentes, la incertidumbre y la violencia generan una mentalidad distanciada tanto de la metafísica, del aristotelismo, de la tradición agustina y de Roma, considerada centro de la Iglesia y productora intelectual de las síntesis del catolicismo. Generadora de una “verdad” rechazada abiertamente por las posturas posmodernas reacias al centrismo y a las nociones absolutas, este pensamiento se mantiene distante de un mundo cristiano platónico.